martes, 12 de noviembre de 2013

Mi ángel negro

La suave brisa recorría mi piel y no me molestaba en absoluto. La noche era serena y eterna. El insomnio me aferraba con sus garras desde mucho tiempo. Me encontraba presa en un  laberinto de pensamientos sin el final que esperaba. Albergaba encontrar alguna respuesta a la lluvia de inquietudes. Sin embargo parecía ser imposible de lograr.
Necesitaría dormir alguna vez, como lo hace la gente común y corriente. Al parecer yo no pertenecía a ese grupo mundano, a menudo me sentía diferente a ellos y me preguntaba si algo iba mal en mi. Quizás me había perdido alguna charla importante antes de nacer para encajar en esta sociedad. De ser así estaba agradecida de que allá sucedido así, pues demasiada maldad y falsedad recorrían estas calles.
No entendí como sucedió pero supuse que en algún momento  me habría levantado a fumar y ahora me encontraba caminando, sintiéndome libre como el sol que iluminaba este paisaje. Se supone que lo estaba haciendo con algún fin en particular ya que aun me negaba a creer que mi familia o lo que quedaba de ella me tuviera que encerrar por sufrir algún trastorno mental sin solución. Y ademas era muy natural encontrarme haciendo algo sin recordar los pasos anteriores. Podía ser parte de mi personalidad o algo que se incorporo como un plus después de pasar horas aprendiendo a ignorar y olvidar los momentos difíciles que me habían tocado vivir.
Ignoraba la hora y no me importaba era mejor no tener noción del tiempo. A decir verdad ignoraba hasta donde me encontraba, seguramente en cualquier momento llegaría a mi objetivo. La música me acompañaba como siempre con la intención de evitar los sonidos de una ciudad llena de gente rutinaria. Levantando la vista para mirar distraídamente me encontré con el ángel negro. Quise decir algo. Quise pensar algo. Quise descifrar su expresión. Quise tantas cosas. Trate de diferenciar la realidad de la imaginación. ¿El había venido por mi? La gente que caminaba aceleradamente por nuestro lado no parecía y mucho menos nuestro rostros con expresión indescifrable. ¿Nos veían? ¿En que momento se me había escapado la vida llegando a estos extremos? Cerré los ojos con el deseo de entender. Millones de recuerdos me asaltaron en ese instantes y los abrí rápidamente para escapar de ellos y mi ángel negro seguía de pie frente a mi observándome. Esperando.

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