sábado, 16 de abril de 2011

Un mal necesario


Era uno de esos días en los que solía tener una extraña sensación, molesta y constante. Había decidido ignorarla, pues creí que había perdido esa capacidad de percibir momentos esperados o totalmente indeseados. Jamás hay que perder las esperanzas pero ya hacñia mucho tiempo que las había perdido, no lograba confiar en nada ni en nadie.
Y el día menos esperado, en el lugar menos pensado me encontraba yo hundida en los pensamientos cotidianos, o del momento, nada relevante como de costumbre. Y el hecho "me pesco" desprevenida. Levante la vista y nuestras miradas se cruzaron. Se detuvieron, en realidad. No recordaba lo profunda que era. Estaba paralizada, aquello no podía ser posible, no debía estar sucediendo ¿Comó podía estar imaginandolo? No definitivamente no era verdad. Seguramente mi corazón me engañaba otra vez. En ese momento hasta tenía que recordarme respirar y como hacerlo. Me negue rotundamente a que fuera realidad, pero tampoco me permitía ese tipo de alucinaciones. ¿Qué estaba pasando? Cerre los ojo. Tenía que esfumarse, desaparecer lo antes posible ¿Acaso me estaba volviendo loca? Tenía que aclarar mis ideas. Pero la curiosidad y la ansiedad me estaba matando sacudi por un momento mi cabeza. En ese momento la concentración era esencial para diferenciar la fantansía de la realidad. Mis ojos se abrieron sin mi autorización aun. Era un acto involuntario, un impulso. Y lo confirme, nada habia cambiado, seguí ahi de pie, frente a mi con esos hermosos ojos, intensos. Ya no serviría de nada serguir inventando hipotesis absurdas. Era él mismo, en carne y hueso. No existía margen de error. jamás confundiría su mirada porque nadie podia igualarla, inconfudible como siempre. Tan bella como inexpresiba. Tan perfecta como real, era mejor de lo que podia recordarla. Realmente no esperaba volvermela a cruzar, con esos ojos tan tiernos, no necesitaba nada más, no ansiaba nada tanto como esa única mirada dulce. Era como un mal necesario. Ninguno de los dos hablo. Nop había nada que decir, aunque tuviera tanto que contar.
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